Hernán Carlino

La COP 23, otra instancia de diálogo para la implementación del Acuerdo de París

Casi 20 mil personas peregrinan durante estas dos semanas, entre el 6 y el 17 de noviembre, a Bonn, Alemania, para participar de la vigésima tercera sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Como viene sucediendo desde hace casi 25 años, las sesiones anuales de la Conferencia de las Partes de la Convención convocan, casi siempre, a numerosos participantes, que representan a sus países, a la sociedad civil, a las empresas, a los medios de comunicación, a la comunidad epistémica, y, más recientemente, a las ciudades, entre otros grupos interesados en la cuestión del cambio climático.

La responsabilidad central de los gobiernos ha sido construir el régimen climático internacional, a partir de la adopción de la Convención en 1992. Si se sopesan los resultados, teniendo en cuenta los 25 años transcurridos, estos parecen ser aún insuficientes.

Alguien que no esté directamente involucrado en el proceso de negociación podría preguntarse para que sirven estos esfuerzos tan extendidos en el tiempo y como mejoran la vida de las personas, si es que acaso lo hacen.

Más precisamente, de qué modo lo que pase en Bonn estos días podrá cambiar, para mejor, la vida cotidiana de miles de millones de habitantes del planeta.

La respuesta reclama una corta explicación. El cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero altera el funcionamiento del sistema climático global, y, esas alteraciones, ocasionan a su vez eventos climáticos extremos, inundaciones, sequias, huracanes más poderosos, elevación del nivel del mar, o acidificación de los océanos, entre otros muchos procesos y efectos adversos.

Así, este año, los eventos climáticos extremos han infligido daños severos, por ejemplo, debido a inundaciones en India y Nigeria, a los huracanes que devastaron países del Caribe y Centro y Norte América e incendios forestales salvajes en Europa y los Estados Unidos.

Para evitar que esto suceda cada vez con mayor intensidad, o disminuir la magnitud de los impactos, hay que hacer frente colectivamente al cambio climático. Es lo que se proponen hacer la Convención y el Acuerdo de París; lo que intentó, en su momento, lograr el Protocolo de Kioto, mediante la regulación de las emisiones de los países que más emitían en ese momento.

Pero hacer frente al cambio climático requiere cambiar completamente las reglas de juego que definen el funcionamiento de sistemas claves de las sociedades contemporáneas: el de la energía, el uso de la tierra, la actividad industrial, el transporte, la infraestructura, los modos de la vida urbana, y, además, cambiar radicalmente los patrones de consumo de una porción de los habitantes del planeta.

El objetivo de las transformaciones que deberían ponerse en marcha es reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero que son producto de las actividades humanas.

En un mundo que ya tiene problemas serios –estancamiento, desempleo, crisis financiera, desigualdades evidentes, volatilidad-, introducir los cambios necesarios no es sencillo. Y esto explica por qué los países discuten palmo a palmo los textos que integran el régimen climático y las restricciones que ellos implican.

Es que, como consecuencia delos cambios que hay que hacer, habrá algunos sectores perjudicados y otros se beneficiarán; las empresas que dominan la producción de energéticos fósiles se resisten o se resistían a aceptar la construcción gradual de nuevas reglas de juego que eventualmente reduzcan el valor de sus activos y el tamaño de sus negocios; sectores enteros de la industria deberán hacer vastas inversiones para adecuarse a las nuevas reglas.

Los gobiernos, empujados por la necesidad de dar respuestas a las demandas de corto plazo de la sociedad –más empleo, porque el que hay no alcanza, crecimiento sostenido, aumento infinito del bienestar material (al menos en algunas regiones, países, y sectores de la población)-, pueden temer que impulsar estas transformaciones ocasione que haya más afectados que beneficiarios.

Por eso es que las negociaciones van lentas.

El Acuerdo de París pareció ser un paso vigoroso hacia adelante.

El Acuerdo estableció los principios, aunque no los detalles. También, y esto es lo que se discute en Bonn estos días: cómo hacer para que el Acuerdo de París mantenga el impulso inicial, funcione y sea efectivo, para lo cual es preciso completar la definición de detalle de las reglas de juego que el propio Acuerdo establece.

Pero que esto suceda, aquí y ahora, no significa que esté todo resuelto, ni muchos menos; los impactos del cambio climático no disminuirán, probablemente crezcan todavía en los próximos años; los cambios no tendrán los mismos efectos para todos; hará falta tiempo para que las cosas mejoren.

No obstante, si hay avances estos días, podremos pensar que estamos en el buen camino y que, para evitar la desolación que traen cada uno de los desastres climáticos, la comunidad internacional es capaz de cooperar, aunque más lentamente de lo que sería necesario.

¿Que está en juego en la COP 23?

La vigésima tercera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático da comienzo hoy 6 de noviembre en Bonn, Alemania. La presidencia de la Conferencia será ejercida por el Primer Ministro de Fiyi.

Si bien el núcleo del encuentro será de naturaleza eminentemente técnica, en el ámbito puro de la negociación, otro eje primordial estará constituido por el espacio dedicado al impulso y la difusión de la acción climática.

El propósito esencial en esta materia es reflejar el momento de los actores estatales y no estatales dirigido a aumentar la ambición y evitar que se haga mas profunda la brecha de emisiones. Esa brecha registra la distancia entre lo que los países prevén hacer para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, y lo que hace falta hacer colectivamente para evitar el agravamiento del cambio climático.

La conferencia se organiza pues en torno de las agendas de trabajo de los diferentes órganos en los que se distribuye la carga de la negociación según su temática, a la búsqueda de cumplir con el programa de trabajo que se adoptara en el Acuerdo de Paris.

En el plano de la negociación el foco estará puesto en avanzar los trabajos relativos a lo que podría denominarse la elaboración de detalle del “sistema operativo” del Acuerdo de Paris.

Los órganos subsidiarios de la Convención, el Órgano Subsidiario de Ejecución (SBI) y el de Asesoramiento Científico Tecnológico (SBSTA) , así como el Grupo de Trabajo Especial sobre el Acuerdo de Paris (APA),[1] tendrán la tarea clave de llevar adelante esos trabajos técnicos que deberán estar concluidos ya en el 2018, para  la COP 24.

La dimensión técnica

Un número grande de asuntos técnicos deberán ser dilucidados y acordados. Entre ellos se cuentan los siguientes: en primer lugar, proveer orientaciones ulteriores en lo concerniente a la mitigación, incluyendo la determinación de las principales características de las contribuciones determinadas a nivel nacional; y, también, en lo que tiene que ver con las comunicaciones de adaptación, un nuevo requerimiento de información establecido como parte del Acuerdo de París.

Luego, debe avanzarse en la elaboración de la modalidades, procedimientos y directrices para el marco reforzado de transparencia, que el Acuerdo incorpora como un componente clave.

De importancia no menor, es, asimismo, todo lo que concierne a las precisiones respecto de la consideración de un balance global, una instancia fundamental para calibrar el progreso que la comunidad internacional logre en la acción climática y para examinar como reforzarla y, además, cuanto es preciso aumentar los esfuerzos que los países tenían previsto hacer.

Otro asunto que tiene distintas y seguramente profundas implicancias es el que se relaciona con el Artículo 6 del Acuerdo de París, referido a lo que se denominara los abordajes cooperativos, o, en las distintas interpretaciones, la introducción o –si se quiere- la reintroducción de mecanismos basados en mercados, así como de otros abordajes no basados en los mercados, para facilitar la mitigación.

Otro de los temas prioritarios es crear las condiciones para que pueda tener lugar el diálogo facilitador entre las Partes, que se debe celebrar en el 2018, según se desprende de la Decisión 1/CP. 21, que se introdujo con el propósito de hacer un balance temprano de los esfuerzos colectivos que se están llevando adelante y determinar el avance en el logro del objetivo a largo plazo del Acuerdo. Este diálogo permitirá ponderar lo actuado por los países y en conjunto, en dirección de los principales objetivos del Acuerdo, especialmente en lo que concierne a la ambición en la acción en este período anterior al 2020.

Quedan sin detallar en este envío otras numerosas cuestiones que también deberán ser examinadas y acordadas con el objeto de asegurar la eficaz implementación del Acuerdo de París.

[1] Utilizamos las siglas en ingles de los órganos subsidiarios, pues suelen predominar aun en el diálogo informal en el ámbito de la negociación.

La COP 23: Espacios para la acción y para definir reglas de juego a largo plazo

La vigésima tercera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se inicia en Bonn, Alemania, este 6 de noviembre, presidida por el Gobierno de Fiyi.

¿Qué debería suceder y qué resultados debieran obtenerse?

Aunque no se espera -ni debía esperarse- que condujera a resultados decisivos, esta sesión de la Conferencia de las Partes es, no obstante, vital a la luz del plazo estipulado para completar, en el 2018, las reglas que hagan posible que el Acuerdo de París pueda hacerse operativo.

De modo que la COP 23 debe ser capaz de producir avances en la senda que conduzca a la plena implementación del acuerdo global alcanzado en París hace ya dos años.

Uno de los indicadores mas claros del éxito de estas sesiones de la Conferencia, por ende, es que la efectividad del trabajo sobre las guías para la implementación del acuerdo haya sido suficiente para que estas mismas guías sean completadas a tiempo durante la COP 24 en Polonia a fines del 2018.

Sin embargo, las cuestiones que se abordarán en la COP 23 no se limitan por cierto a los aspectos de procedimiento y de modalidades que son, por lo demás, cruciales, dadas las complejidades de la arquitectura que se propone establecer a escala global para las próximas décadas.

Entonces la COP 23 se desplegará en dos áreas críticas de acción que, a la vez, puedan retroalimentarse:

  • Los gobiernos nacionales, sus representantes de alto nivel y sus negociadores, en la búsqueda de cumplir con el programa de trabajo lanzado por el Acuerdo de Paris, bajo los términos de la Convención;
  • El espacio para presentar, difundir y ampliar la miríada de iniciativas para la acción climática.

Asimismo, debe destacarse que esta Conferencia de las Partes es la primera presidida por un estado insular en desarrollo. Las circunstancias nacionales de estos países proporcionan evidencia clara de las asimetrías del cambio climático, pues hacen una contribución muy marginal a las emisiones globales y están, a la vez, desproporcionadamente sometidos a los impactos más severos en territorios que son, por distintas razones, vulnerables.

Una agenda política que refleje las urgencias de los más vulnerables

En consecuencia, según lo ha anunciado su Presidencia, la COP 23 pondrá, en el centro del escenario de las negociaciones dos aspectos que se han venido debatiendo cada vez con mayor intensidad: la meta incluida en el Acuerdo de Paris –que ha sido calificada como un aspiración- consistente en evitar que el aumento de la temperatura global exceda los 1,5o C,[1] es decir, una meta que requiere una ambición en la mitigación sustantivamente más elevada, y, también, dar respuestas en lo que concierne a la cuestión de las pérdidas y los daños.

Como una vez más, la Conferencia de las Partes se lleva a cabo en un escenario mundial asolado también por muy recientes extremos climáticos, que han tenido consecuencias  dramáticas por ejemplo en Asia y el continente americano, el Primer Ministro de Fiyi y Presidente de la COP 23, Sr. Frank Bainimarama, ha afirmado que “[d]ebemos preservar el consenso global para una acción  decisiva consagrado en el Acuerdo de Paris y apuntar a la parte más ambiciosa de esa meta, la de limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales.” [2]

La agenda de las sesiones es, pues, una agenda notablemente densa en materia del tratamiento de las modalidades y procedimientos y también en las discusiones sobre aspectos que tienen implicancias políticas y económicas de largo alcance y, también, en el plano de la búsqueda de la justicia en las relaciones internacionales.

Agenda de la acción climática global: el impulso renovado para la acción

Asimismo, esta Conferencia pretende mostrar en toda su riqueza la diversidad de iniciativas, arreglos institucionales, y alianzas que, a escala global, impulsan con enorme decisión la acción climática en las múltiples dimensiones a las que el cambio climático interpela de manera radical: los estilos de vida, los sistemas energéticos, los patrones de producción, el uso dispendioso de recursos cada vez más escasos, el costo eco-sistémico del modelo prevalente de bienestar.

En efecto, un texto de la Secretaría Ejecutiva de la Convención describe esta dimensión propositiva de la Conferencia como un “espejo de la cooperación y la coordinación internacional” que se lleva adelante en sintonía, aunque más allá de los ritmos y las tensiones del núcleo duro de la negociación.[3]

En este sentido la Secretaria Ejecutiva, Sra. Patricia Espinosa, ha declarado que “la COP 23 en Bonn exhibirá al mundo las dos caras del cambio climático –primeramente, el momento positivo, decidido, inspirador, de tantos gobiernos y de un conjunto creciente de ciudades y estados, y empresas, de líderes de la sociedad civil y agencias de Naciones Unidas que se alinean con los propósitos y las metas del Acuerdo de París”. Pero también, afirma la Secretaria Ejecutiva, incluye “el examen de la realidad. El termómetro del riesgo acrece; el pulso del planeta se acelera; la gente sufre; se cierra la ventana de oportunidad y debemos ir juntos más Lejos y más Velozmente, para elevar la ambición y la acción al siguiente nivel definitorio.”

[1] El Articulo 2.1 del Acuerdo de Paris tiene como objeto reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático y para ello en el Art. 4.1 (a) establece “[m]antener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático.”

[2] UN Climate Change Press Office (05 de noviembre de 2017). UN Climate Change Conference 2017 Aims for Further, Faster Ambition Together. Nota de prensa.

[3] UN Climate Change Press Office (05 de noviembre de 2017). UN Climate Change Conference 2017 Aims for Further, Faster Ambition Together. Nota de prensa.

En las vísperas del inicio de la COP 23, una alerta intranquilizadora sobre la distancia entre las metas del Acuerdo de París y las promesas de los países que son partes de ese acuerdo

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Apenas unos días antes del inicio de la COP 23, un nuevo reporte sobre la denominada brecha de emisiones, el octavo de la serie anual producida por el Programa de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA), contiene algunas conclusiones inquietantes.

Este lunes cuando se inicie la vigésima tercera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Bonn, Alemania, que será presidida por el Gobierno de Fiyi, las conclusiones del reporte resonarán con fuerza, como un mandato de eficacia para los participantes en el siempre complejo proceso de negociación del régimen climático internacional.

En efecto, si bien las metas aún pueden ser alcanzadas, los gobiernos y los actores no estatales deben lograr que se produzca un aumento significativo de la ambición para poder asegurar su cumplimiento. Es que, según “The Emissions Gap Report 2017los compromisos nacionales solo aportan un tercio de las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero que serían necesarias para alcanzar los objetivos propuestos en 2015: limitar el aumento de la temperatura global por debajo de 2º C y, con mayor ambición aún, perseguir el objetivo que ésta no se eleve mas allá de 1.5º C.[i]

El lenguaje del reporte citado, por cierto, no deja lugar a dudas, al sostener que “Las conclusiones fundamentales del reporte son que hay una urgente necesidad de acción acelerada en el corto plazo y un ambición nacional reforzada en el largo término.” Esta acción, es coincidentemente, también necesaria para lograr los multiples objetivos contenidos en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Si estas proyecciones son acertadas, incluso con la implementación plena de los compromisos asumidos por los países –incondicionales y condicionales-, es muy  probable que se produzca un aumento de, al menos, 3º C en la temperatura global hacia el 2100.

Para que esto no suceda los gobiernos deben ser capaces de contribuir con unos compromisos mucho mas exigentes, precisamente cuando esos compromisos nacionales sean revisados en el 2020.

Las acciones del sector privado y de los actores en los niveles sub-nacionales, según el reporte, tienen asimismo la posibilidad de hacer una contribución significativa para cerrar la brecha de emisiones, siempre que esas iniciativas alcancen plenamente los objetivos enunciados y que esas reducciones no desplacen acciones que se realizarían en otros ámbitos.

La posibilidad de avanzar hacia acuerdos sobre los mecanismos que hagan posible el aumento de la ambición, poder preparar adecuadamente el balance global y ampliar a la escala necesaria el financiamiento climático, son precisamente algunas de las cuestiones centrales que se dirimen en esta Conferencia de las Partes. 

[i] United Nations Environment Programme (UNEP). The Emissions Gap Report 2017: A UN Environment Synthesis Report. Noviembre de 2017

Trump, el asado criollo y el cambio climático

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No cabe duda de que el mundo de hoy es bien difícil, incluso a veces hasta un poco hostil.

Hay, entre otras muchas, dos cuestiones que deberían preocupar a los argentinos en relación con el cambio climático.

La primera es la decisión muy reciente del gobierno de los Estados Unidos de abandonar el Acuerdo de París y, según lo declarado por el mismo presidente Trump, luego renegociarlo. Ha dicho “estamos saliendo del Acuerdo”. Ninguna de las dos cosas, empero, se puede hacer tal como las plantea y tal vez por eso haya resuelto hacerlo. Solo vale la pena tomar una decisión, parece, si en el camino se rompen algunas reglas.

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El Acuerdo de París y la INDC de la Argentina

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La Decisión para adoptar el Acuerdo de París dedica una sección importante a las contribuciones previstas y determinadas para cada país (INDCs, por sus siglas en ingles), revelando la importancia que adquieren como instrumentos de implementación del Acuerdo.

Luego, en la sección III. Decisions to Give Effect to the Agreement, en su párrafo 22, invita a las Partes a comunicar su primera contribución determinada nacionalmente no mas allá de la fecha en que la Parte deposite su correspondiente instrumento de ratificación, acceso, o aprobación del Acuerdo de Paris. Si una Parte ha comunicado su contribución nacional prevista y determinada con anterioridad a unirse al Acuerdo, se considerara que esa Parte ha satisfecho ya esa previsión, a menos que la Parte decida en otro sentido.

Este párrafo habilita a la Argentina a revisar la INDC, que el país ya ha presentado antes del 1 de octubre, con objeto de mejorarla, si así se decidiera.
Fuentes:

ADOPTION OF THE PARIS AGREEMENT. Proposal by the President. Draft decision -/CP.21. FCCC/CP/2015/L.9.

Gambito de Itamarati

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En una nueva muestra de su capacidad para desarrollar una eficaz estrategia negociadora en cambio climático, Brasil anunció el viernes 11 que se unía a la “coalición de alta ambición”, un grupo informal de países entre los que se incluyen Estados Unidos, la Unión Europea y 79 países en desarrollo. Brasil es la primera entre las mayores economías emergentes que se une a esta coalición.
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Stories from the South

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La lectura del libro Stories from the South, cuyo subtítulo es «Explorando senderos de desarrollo bajos en carbono», produce algunas sensaciones encontradas.


La publicación, con la autoría de Stefan Raubenheimer y del equipo MAPS, da cuenta de las labores de cuatro países latinoamericanos y de las aportaciones de Sudáfrica en torno a la concepción de acciones de mitigación y la articulación de esfuerzos hacia un futuro bajo en emisiones, enfrentando a un tiempo el cambio climatico y promoviendo el desarrollo sostenible.
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